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Multitudinaria marcha reclama respeto a los derechos de las mujeres y fin de la violencia machista.

Una multitudinaria marcha cerró en la tarde de ayer la recordación del Dia Internacional de la Mujer Trabajadora. Con color, baile, cantos y alegría la ciudadanía exigió el respeto a los derechos de las mujeres y poner fin a todo tipo de violencia contra las mismas.

El Sindicato de Periodistas adhirió al Paro Internacional de Mujeres realizando actividades en las redacciones de diferentes medios y sumándose a la movilización. Las actividades fueron organizadas por la Secretaria de Gene
ro en conjunto con las delegadas sindicales, también en el marco del #8M fueron presentados los resultados de la encuesta mujeres y periodismo en Paraguay que reflejaron alarmantes resultados, como que cerca del 73% de las mujeres periodistas se sintió alguna vez acosada en su lugar de trabajo, el 61% se sintió discriminada respecto a la promoción laboral y el 53% siente que sus derechos laborales no están garantizados.

La mayor movilización feminista que recuerde la historia nacional cerró con la lectura de un pronunciamiento firmado por todas las organizaciones adherentes que reproducimos a continuación:

“Con nuestras diferencias pero juntas y solidarias, reconociendo todas nuestras reivindicaciones, sintiéndonos parte y actoras de las luchas de las mujeres en todos los continentes, alzamos nuestra voz las mujeres del Paraguay, del campo y las ciudades, de diversos departamentos, indígenas, estudiantes secundarias y universitarias, feministas, docentes, sindicalistas, artistas, políticas, mujeres viviendo con VIH/SIDA, mujeres de diversas profesiones, campesinas, productoras, migrantes, obreras, lesbianas, bisexuales, intersexuales, mujeres trans, niñas, adolescentes y adultas mayores, mujeres con discapacidad, trabajadoras sexuales, religiosas, agnósticas y ateas.

Sabemos que somos fuertes, siempre lo fuimos, y salimos adelante con la ayuda de otras mujeres. Estudiamos y trabajamos, criamos a nuestras hijas e hijos y a los niños y niñas de las demás, nos acompañamos cuando enfrentamos violencias, cuando decidimos migrar. Cultivamos, inventamos, somos creadoras de cambios.

Con la convicción de nuestra fortaleza PARAMOS y nos movilizamos por todas nuestras demandas y denuncias.

Somos discriminadas y la discriminación se profundiza con las particularidades y vivencias de cada una de nuestras identidades.

Nuestra sociedad está inmersa en un sistema capitalista, patriarcal, colonial y extractivista que oprime y explota, estableciendo relaciones desiguales y discriminatorias de clase y género, que fundamentan la opresión de las mujeres sacándonos nuestros derechos y oportunidades. Las decisiones que se toman en los espacios de poder político y social continúan estando bajo dominio masculino, y son tomadas sin nuestra participación real. Construyen políticas públicas sin nosotras.

Somos violentadas a diario. Nos acosan en la calle, en el barrio, en la iglesia, en nuestros puestos de trabajo, en las universidades, escuelas y organizaciones. Nos agreden en sitios públicos y en nuestras casas. Si acudimos a las comisarías para denunciar violencia, no nos creen. Nos asesinan porque somos mujeres. Nos matan a golpes, dejan nuestros cuerpos tirados. En dos meses de este año han matado a 14 de nosotras. Esta violencia se desarrolla impunemente y bajo los ojos indiferentes de una sociedad inmersa en el machismo.

Somos víctimas de trata cuando nos secuestran y nos venden como mercancía con la complicidad de las autoridades. Somos víctimas de las malas políticas públicas cuando siendo trabajadoras sexuales adultas y libres, nos persiguen a nosotras en vez de perseguir a los tratantes; la policía es la primera en violentarnos y nos niegan los derechos laborales.

No nos enseñan educación integral de la sexualidad, ni a defendernos del abuso. Si vivimos con VIH/SIDA nos discriminan. El Estado no acciona con la urgencia necesaria ni siquiera ante la terrible realidad de abuso, y explotación sexual de niñas y adolescentes.

Como campesinas, luchamos por la aplicación de la reforma agraria integral que contemple el acceso a tierra. Nosotras sembramos y cosechamos pero no nos reconocen como agricultoras, nos fumigan con agrotóxicos, nos expulsan de nuestras tierras con violencia como en Guahory. Nos juzgan y condenan por buscar un lugar donde vivir y producir como en Marina Kue. Nos criminalizan. Las mujeres en lucha somos perseguidas desde el Estado incluso cuando defendemos nuestros derechos.

A las mujeres indígenas nos arrebatan nuestras tierras ancestrales y sufrimos el desarraigo, el abuso y la mendicidad. Desconocen nuestros saberes y nuestras capacidades de cuidar la tierra, nos explotan en las estancias y en las ciudades absolutamente olvidadas y excluidas por ser mujeres indígenas.

Como trabajadoras, no nos reconocen iguales derechos ni valoran el trabajo de cuidado que realizamos casi en solitario. Nos pagan 30% menos que a los hombres por igual trabajo y si somos trabajadoras domésticas nos discriminan en la misma ley. Aunque tengamos capacidad no nos ascienden y el acoso sexual lo vivimos a diario. Mientras, las patronales se pasan celebrando hipócritamente la maternidad, siguen agrediéndonos y nos amenazan con despedirnos o no contratarnos porque logramos nuestros derechos a permisos de lactancia y maternidad.

Morimos o perdemos hijos por falta de atención o insumos. Cuando acudimos a los servicios de salud, sufrimos violencia obstétrica. Si somos niñas nos obligan a proseguir embarazos resultados de abusos, 2 niñas al día son obligadas a parir frutos de violaciones. La penalización del aborto genera un problema de salud pública por la gran cantidad de mujeres muertas a causa de aborto inseguro y aún son condenadas por ello. Es urgente un debate público desprejuiciado y libre sobre la despenalización del aborto que tome en cuenta en primer término la salud de las niñas y las mujeres.

Si somos lesbianas o bisexuales nos violentan en nuestra propia familia y nos expulsan de lugares públicos y si estamos en la cárcel no nos permiten visitas privadas a las que tenemos derecho legalmente. Si somos trans nos matan y ni siquiera se investigan los crímenes.

Este Estado con todas sus instituciones, es incapaz de garantizar el acceso a la tierra, a un salario digno, a la vivienda, a la no discriminación, a la educación integral, a la soberanía alimentaria, a vivir en un ambiente saludable y una vida digna para todas las mujeres y niñas de la ciudad y del campo.

¡Estamos hartas de las desigualdades que genera el patriarcado!

Este 8 de marzo, rememoramos a nuestras ancestras trabajadoras que lucharon por la igualdad, a las que se opusieron a la explotación, a las dictaduras y a las discriminaciones, a las que hicieron huelgas, a las que se rebelaron. Hoy, no olvidando a nuestras muertas por violencia feminicida, y recordando a niñas víctimas de la violencia dictatorial como en el caso Caaguazú, y a las niñas esclavas sexuales, nos organizamos sin miedo, nos fortalecemos desde la acción conjunta y unidas, con fuerza,

EXIGIMOS:

  • Una vida libre de violencia.
  • Educación laica, no sexista, sin estereotipos y con una clara perspectiva de género para que podamos desarrollarnos en libertad y educación integral de la sexualidad con enfoque de derechos.
  • Que las niñas dejen de ser obligadas a parir, que sean protegidas del criadazgo y que puedan ejercer libremente su derecho a ser niñas.
  • Que la respuesta a las víctimas de abuso, explotación y acoso sexual sea inmediata y garantice que los casos no queden impunes y no se repitan. El Ministerio Público debe realizar investigaciones adecuadas y el Poder Judicial debe garantizar que los casos no queden impunes por chicanas y corrupción.
  • Que la Universidad deje de ser el paraíso impune de los acosadores. Todas las universidades deben establecer protocolos de actuación que aseguren el acompañamiento a víctimas, una investigación que resguarde la confidencialidad y sanciones que garanticen la educación libre de violencia de género en las aulas.
  • La aplicación efectiva de la Ley 5777/17 contra toda forma de violencia hacia las mujeres
  • El fin de la criminalización de nuestras luchas por la tierra, contra la deforestación y la contaminación de nuestros bienes naturales.
  • La vigencia plena del Estado Laico; que las iglesias respeten ese principio, dejen de proteger a abusadores de niñas y niños y a acosadores y empiecen a reconocer el liderazgo de las mujeres en sus jerarquías.
  • La desmilitarización del campo, el fin de los desalojos violentos.
  • Que se aplique la reforma agraria integral, garantizando el acceso a la tierra y a la producción a las mujeres campesinas. Que se acabe el monocultivo y el uso indiscriminado de agrotóxicos en nuestros territorios.
  • Preservar y multiplicar nuestras semillas nativas y criollas con prácticas agroecológicas.
  • La aprobación de la ley contra toda forma de discriminación. La erradicación de la discriminación contra las mujeres indígenas, trabajadoras sexuales, mujeres que viven con VIH, lesbianas, bisexuales, campesinas, migrantes, trans.
  • El cumplimiento de los permisos de lactancia y maternidad, la prohibición de despidos cuando estamos embarazadas, la instalación de guarderías y lactarios en las empresas.
  • Que se garantice nuestro derecho a la salud gratuita, universal y de calidad.
  • Que se atiendan las necesidades de las mujeres con discapacidades reconociendo medidas claves como el uso de la lengua de señas.
  • La apertura de un debate nacional serio para lograr la despenalización del aborto.
  • El reconocimiento de la identidad de género de las mujeres trans a través del tratamiento y sanción de una ley que contemple este derecho como primer paso para la garantía plena de todos los derechos.
  • Que el trabajo doméstico deje de estar legalmente discriminado y que se cumpla con las obligaciones internacionales en materia de igualdad salarial.
  • La aprobación de la ley de paridad democrática, posibilitando que las mujeres estemos representadas de manera igualitaria en los espacios de decisión.

A toda la sociedad le decimos:

  • Construyamos una sociedad donde ninguna mujer esté expuesta a sufrir violencia por el sólo hecho de ser mujer.
  • Construyamos un país donde las niñas sean respetadas, protegidas de toda forma de violencia, y sean alentadas a vivir y crecer en libertad.
  • Que la diversidad de las mujeres sea vista como una riqueza en la sociedad y no como factor que justifique discriminación.
  • Por la autonomía de nuestros territorios y de nuestros cuerpos.
  • Porque sin nosotras el mundo no funciona.

Y a todas las mujeres les decimos:

El patriarcado sabe que somos una fuerza poderosa, por eso nos dicen enemigas, envidiosas, histéricas, pero no les creemos. Somos conscientes de nuestro poder y de nuestra responsabilidad. Hoy más que nunca nos sabemos aliadas. Nos reconocemos y nos organizamos, superando las barreras de las trampas machistas, que ahora podemos ver. Por eso, nuestras estrategias políticas, sociales, culturales y de sobrevivencia son cada día más acertadas, efectivas y fuertes.

Somos semilla nativa, que lleva la sabiduría de miles de años de alegrías y resistencias, que brotando alimenta al barrio y al mundo, que existiendo es evidencia de que otro mundo es posible.

Somos también viento huracanado que arranca de raíz prejuicios históricos y milenarios. Sabemos mirarnos, reconocernos y respetarnos. Somos camino, somos código abierto, en transformación permanente. Somos conocimiento que se comparte. Somos propuesta que se hace viral, en las redes sociales y en las redes afectivas, laborales y militantes.

Nos reconocemos en la sororidad y la solidaridad de la lucha histórica de mujeres que soñaban con una sociedad justa e igualitaria para todas. Desde las primeras que alzaron la voz y pusieron el cuerpo para que podamos vivir en igualdad. Estamos en un momento histórico y no hay vuelta atrás porque las mujeres con convicción, amor y ternura antipatriarcal nos queremos libres a nosotras y a las generaciones futuras.

Desde Paraguay sumadas a más de 50 países, hoy, 8 de marzo de 2017, decimos:

¡Ore rembiapo ndovaléiro. Pemba´apo ore rehe´y! ¡Roikovese ha roikoveta!

¡Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras!. ¡Vivas nos queremos!”

 

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