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El mundo Vicente Páez

Vicente Páez lidió con el cáncer de pulmón con un humor incontestable. Falleció lúcido, despidiéndose con un al pelo de su padre, sus hermanos y sus compañeros. Cerró los ojos en el Instituto de Previsión Social (IPS), en la sala 531 del quinto piso. La noticia afectó a los trabajadores de prensa y al movimiento social amplio.

Desde sus inicios, en el gremio de periodistas, fue delegado sindical, secretario de organización y dos veces secretario general del Sindicato de Periodistas del Paraguay. Páez, el primero entre iguales en su querido SPP, fue también secretario de derechos humanos de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC) y miembro de la comisión redactora de los estatutos de la Federación Internacional de Periodistas (FIP).

Páez participó activamente del movimiento que logró la sentencia a 48 vaciadores del Banco Nacional de Trabajadores (BNT), otra sentencia a 25 años al asesino del comunicador Salvador Medina, y la demanda de los trabajadores del extinto Noticias hasta sacar una indemnización colectiva. Propulsor de la unidad de los trabajadores y trabajadoras, promovió todas las instancias de articulación posibles, tanto entre trabajadores del campo y la ciudad. Acompañó la formación de varios sindicatos. Con Vicente, dice la compañera Mariela González, el SPP dejó de ser solamente un sindicato de periodistas para convertirse en un sindicato del pueblo, preocupado y comprometido con los destinos de la clase obrera en su conjunto.

En el campo de la comunicación fundó, con otros compañeros y compañeras de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción, la Cooperativa de Comunicadores Atycom que, entre otros emprendimientos, es la administradora del portal E’a, donde publicó algunos de sus artículos más memorables.

Muchos lo recuerdan por sus giros, las palabras sacadas del humor, al igual que su compromiso y solidaridad inquebrantables con la clase trabajadora. Otros, por su pasión por Cerro Porteño, cuyo equipo, el año pasado, le dedicó un homenaje antes de un partido oficial ante Olimpia. Otros lo recuerdan más por su veta metalera.

El gesto del equipo de Cerro Porteño no lo vimos por la televisión. Es comprensible, él es un dirigente sindical inclaudicable. Y sabemos que para los patrones de la televisión y de otros medios corporativos, es peligroso contar la historia de la gente que nunca transa el derecho de la gente.

El gesto del equipo de Cerro Porteño no lo vimos por la televisión. Es comprensible, él es un dirigente sindical inclaudicable. Y sabemos que para los patrones de la televisión y de otros medios corporativos, es peligroso contar la historia de la gente que nunca transa el derecho de la gente.

Aquella vez, su compañero periodista, Julio Benegas, lo había descrito así: “Hijo del pueblo, representante del pueblo, uno de nuestros más grandes, consecuentes y representativos dirigentes de los trabajadores, Vicente Páez es una idea superior hecha carne y hueso”.

El gesto del equipo de Cerro no lo vimos por la televisión. Es comprensible. Vicente es un dirigente sindical inclaudicable. Y sabemos que para los patrones de la televisión y de otros medios corporativos, es peligroso contar la historia de la gente que nunca transa el derecho de la gente.

Hay una historia desde los trabajadores, desde Doña Úrsula; Javier, el panadero; Ña Juana, la yuyera; Esteban, el estibador; Pedro, el chofer de colectivo. Ese mundo obrero, cuentapropista, superviviente, mueve el mundo todos los días, pero su profunda voz es solo haz de puñales en los telediarios o vómitos de beneficiencia de una clase que se regodea en su bienestar. Vicente representa ese mundo, con todas sus contradicciones. Vicente piensa, profundamente, desde el mundo obrero. Es su mayor fuerza y nuestra más grande victoria.

“Una enorme pérdida y un legado eterno en la lucha por la dignificación de la clase trabajadora y la emancipación del pueblo paraguayo”, sostiene Derlis Villagra, militante político, hijo de padre desaparecido por la dictadura de Alfredo Stroessner.

Vicente es hijo de Ña Úrsula y Don Toribio, juega siempre, sin equivocarse nunca, al lado de la gente que lo necesita. En el diluvio saca abrigos y paraguas. En la desilusión, el sarcasmo juega un mano a mano con su terca visión de la historia.

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